sábado, julio 14, 2007

alma

Puede ser que alguna vez escuche respirar al alma mía, vibrar en ciclos invisibles y pulsares sin cadencia o tono.

Sin embargo escucho bien la voz de su eterna compañía, un sonido bajo como el que emiten las plantas cuando crecen.

Tal vez camine mostrándome raído, pero mira bien el esplendor inmutable de mis ojos: como recién llegados al universo, como umbrales del paraíso recuperado, intacto.

Miles de mis palabras pueden no escucharse claramente.
Déjalas correr a cuatro vientos,
déjalas mojarse,
déjalas llover.

Léelas luego en cada gota de rocío,
en cada campana que repique,
en su mensaje llevan las ciencias de los dioses,
ritos propios de la muerte y de la vida.

Mira que falto de amor parezco.
Mira después las cicatrices de mi pecho y entonces, escúchame suspirar.

Siente el vapor de mi cariño,
el mismo que tengo, el mismo que doy.

Yo mostraré para ti los interiores de la piel
-tan hermosos y ligeros-
tan fácil aprehenderlos.

Es amor,
y amor es respirar.

Mírame flotar alma mía
-amor de todos los amores-.
Cruzo el cielo, arriba el sol,
debajo tú.
Única y perpetua alma mía, comprometida y siempre presente,
cristalina y frágil, la verdad en la risa y la caricia
a veces escondida en los cabellos de la aurora.

Mírame caer desde la nube,
caminar por la tierra con el paso desnudo,
dejando las huellas vivas para los que vienen conmigo

La cabeza marcha sola,
el espíritu acompañado del alma mía,
rozando la quietud de un sueño más.

Silencio.

Vuelta a casa después de planear sin rumbo fijo, fragmentos que solamente el tiempo podrá unir una vez más

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